Al comienzo de los tiempos,
el cielo se manifestaba con una absoluta y aplastante vacuidad,
sin estrellas, ni destellos que indicaran el camino,
esta vacuidad fue quebrada de improvisto,
cuando por primera vez en la creación,
el amor se hizo cuerpo, mente y espíritu,
cuando por primera vez en la creación,
el amor se hizo cuerpo, mente y espíritu,
este amor fue tan intenso,
tan nuevo, tan hermoso, tan trascendente,
que no pudo seguir habitando solo en el corazón de sus amantes,
dicho amor, que en un principio,
era inmanencia de sus corazones,
transgredió las barreras de la materia,
y ya no solo estaba en ellos,
sino que estaba fuera de ellos,
bailando, volando, como dos aves, libres,
que revoloteaban sin parar,
se desplazaban incesantemente,
con moviemientos gráciles y azarosos,
al principio, se limitaron a recorrer lo que sus creadores conocian
parques, bosques, montañas, praderas,
mares, ríos, arroyuelos,
pero luego dicho amor,
superó incluso a los amantes,
y empezo a extenderse por los cielos,
y el espacio interplanetario,
se desplazaba tan rápida y violentamente,
que empezó a transformarse en pura energía
este amor, sempiterno,
como manifestación intrínseca,
de la trascendencia de la existencia humana,,
de la trascendencia de la existencia humana,,
empezo a quemarse, a arder,
y a tener tanta energía,
que empezó a condensar como materia,
quedando así,
un ente de magnitudes inconmesurables,
cuya energía es
inagotable e infinita,
de esta manera,
nuestros cielos,
se van llenando de estrellas.
nuestros cielos,
se van llenando de estrellas.
Hay ciertas estrellas,
que al pasar el tiempo,
se van agotanto lentamente,
tal como una vela va perdiendo su llama,
y lentamente va muriendo,
hasta desaparecer completamente.
Dichas estrellas,
son como nustros corazones,
cuando se alejan el uno del otro,
al punto de no poder darnos cuenta,
de que estamos lado a lado,
codo a codo,
se van agotanto lentamente,
tal como una vela va perdiendo su llama,
y lentamente va muriendo,
hasta desaparecer completamente.
Dichas estrellas,
son como nustros corazones,
cuando se alejan el uno del otro,
al punto de no poder darnos cuenta,
de que estamos lado a lado,
codo a codo,
pero así como podemos ver la luz de una estrella que ya no existe,
nuestros corazones,
sienten algo que ya no está.
no obstante,
en mi siempre permanecerá la esperanza,
de que todos y cada uno de nosotros,
encuentre su estrella,
en mi siempre permanecerá la esperanza,
de que todos y cada uno de nosotros,
encuentre su estrella,
y que esta ilumine nuestros días y noches,
y que la vida de estas,
como una creación independiente de nosotros,
exista incluso después de que no estemos,
ya que nuestro amor habrá superado toda barrera,
del espacio-tiempo,
y a través de su atemporalidad
nuestras almas y espíritus se harán infinitos.